LA CASA DE LOS CONDES DE ALDAMA

LA CASA DE LOS CONDES DE ALDAMA

En la calle de la Plata, formando una manzana con la cuesta de Ganado, arroyo de S. Juan y Banda de la Playa, se encuentra la casa, jardín, bodega y almacenes de los que fueran Conde de Aldama y Marqués de Ayala.
Inicia esta saga en Sanlúcar, León Aldama y Respaldiza (1781?-1863). De las tierras alavesas de Amurrio y Ayala procedían los Aldama, y de Lezama los Respaldiza. En 1823 se establecía como Ayudante Mayor de los voluntarios realistas, que acabaron con el trienio liberal, Andrés Respaldiza Verasa. Vivió en la casa de la plazuela de S. Francisco -hoy de las Hermanas de la Cruz-, y de aquí saldría su hija para casarse con Fernando Gómez de Barreda.

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La casa de la calle Plata fue comprada por León a sus parientes en 1857: 24.000 reales y una serie de hipotecas que en años sucesivos fue cancelando. Sus negocios de vinos al por mayor tienen antecedente en la razón social “Aguilar y Cia” (1740). Inicio un “pacto de resistencia” contra aquellos que querían abaratar los vinos. Junto a Pedro Manjón y Fernando Mergelina se comprometió a no vender más barato de lo estipulado, así como a comprar todo el vino de Sanlúcar que se vendiera a precio inferior, consiguiendo levantar a la ciudad de la crisis ruinosa.

La munificencia de Aldama se muestra por ejemplo, cuando gravó con un censo su casa de la calle de la Plata para poder mantener de por vida a dos religiosas en el convento de las Carmelitas Descalzas de Sanlúcar. Tres sobrinos suyos de las tierras de Ayala tomaron el hábito religioso; era bastante frecuente costear la carrera eclesiástica a parientes menos favorecidos por la fortuna.

Al morir en 1863, León Aldama instituyó como herederos a dos sobrinos carnales: Pedro Aldama Gaviña y José Gabriel Aldama Camba; dejando a la madre de éste, Josefa Camba Sevillano, el usufructo de la casa, al cual renunciará ella. El segundo de los Aldamas comprará en 1899 a los herederos del primero – allá en Alava- su parte de la casa por 21.450 ptas.

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Por concesión pontificia, José G. Aldama Camba (1850-1901?) se convertirá en primer Conde de Aldama. A sus treinta y ocho años era ya el sexto mayor contribuyente de Sanlúcar. Sus viñas albariza del pago de Maina y la bodega de la Banda de la Playa o las de S. Juan y S. Antonio colaboraron a la consecución de grandes soleras, las cuales no vendía; “y en cuanto a las especialidades -dice el cronista de los Aldamas- Amontillado Dorotea, Moscatel IX Perlas y Pedro Ximénez Corona, mandólas tapar con yeso para que el capataz ni nadie pudiese saber el valor de aquellos líquidos”.

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Entre 1878 y 1893 la filoxera arrasó los viñedos de varios siglos, que jamás serían replantados, bajando el precio de ciertas tierras a la sexta parte. Algunas bodegas desaparecieron, como la demolida del Albaicín, de Vila. Como consecuencia las vides de América se introdujeron en Sanlúcar y se mezclaron con viejas soleras de manzanilla. Aldama consideraba que los efectos de esta innovación: “vinos envisados y sucios de naríz” no debía afectar a sus vinos. Hasta pasados dos años desde la pérdida de la viña de albariza y más de cinco desde la filoxera, Aldama ni compró mostos, ni hizo vendimia; solamente adquiriría treinta botas para tenerlas en observación.

Del mismo modo que su tío León, José se mantuvo soltero, pudiendo acumular fortuna y soleras. Fue heredero su sobrino, Antonio Aldama Mendivil, Marqués de Ayala (1867-1930). Había realizado el bachiller en el colegio jesuítico de Orduña y, en el seminario de Salamanca recibió la licenciatura en Teología y Cánones, además las cuatro órdenes menores. Desde su llegada a Sanlúcar en 1899, desempeñó la jefatura de la casa y aumentó su capital a cuatro millones de pesetas, “elevándose solo las [adquiridas]bodegas de la Sra. Viuda de Vila [Ana Linares Paz], de esta ciudad, a un millón y quinientas mil”. El valor de dos ventas hechas a González-Byass ascendía a seiscientas mil pesetas, y la venta al menudeo a setenta mil duros anuales. Sus existencias montaban cerca de cien mil hectólitros de vino. Además de la marca Dorogea, poseía esta casa el superior Miura y el amontillado Ayala entre otros (León, S. Gabriel, Emperador), mas vino para consagrar.

Nada más morir su tío viajó a Roma para entregar al Pontífice veinte mil duros legados por el finado. Mandó celebrar misas por su tío en capuchinos, pagando de estipendio una onza de oro por cada una; gustaba del retiro de este convento, donde como terciario veneraba a la Divina Pastora.

Aldama Mendivil aparte de la cría, almacenaje y exportación de vinos, intervino en operaciones bancarias, negocios mineros y de construcción naval. Fundó un diario católico en Cádiz (“El Observador”), propulsor de una campaña antimasónica en la capital. Lideró el Partido Católico Andaluz -integrista- y presentó su candidatura como diputado a Cortes por Azpeitia (1900-1901) a ruego de su jefe político Nocedal.

En 1896 el Conde de Aldama presidió una Junta en Sanlúcar para organizar la peregrinación a la Virgen de Regla de Chipiona. En procesión por la playa, al son de himnos hasta el humilladero, se encontraron diez mil peregrinos, se cantó misa solemne al aire libre, predicando el jesuíta P. Cadena. Tres años después se proyectáron las obras de erección de un nuevo santuario en el que probablemente colaborara económicamente Aldama, ya en 1904 la demolición del antiguo se había producido.

De este neogoticismo propio de principios de siglo, plasmado en Regla por el arquitecto Antonio Arévalo (autor de la Plaza de Toros de Sanlúcar), llevó Aldama a su casa algunos elementos. Unificó el Conde las dos casas de la calle de la Plata, colocando como cierro principal uno de hierro con arcos ojivales y creando un patio de mármol con tres galerías. Un juego de arcadas ojivales sujetas por columnas rodearon el patio, recibiendo un aire casi conventual. También la Capilla-oratorio con techos de yeso, imitando artesonados, tomó este estilo, tanto en el retablo principal como en los dos juegos de columnillas y arcos apuntados de maderas que dividían la habitación, oscurecida con pesados cortinajes. Una gran biblioteca ocupaba un lugar principal de la casa. Las altas librerías guardarían la cultura libresca, ausente en otras casas burguesas de estos años. A la espalda un gran patio porticado y sostenido por pilares que haría las veces de bodegas o de almacenado. Otra entre el jardín de la casa y el almacenado, se levantaría en el último tercio del pasado siglo.

Aldama promovió la devoción al Corazón de Jesús, imagen que presidía su Oratorio, cuyo símbolo llevó al cuartel principal de su escudo, añadiéndole el lema “soli Deo honor et gloria”; y repartió placas para colocarlas en la puerta de las casas. Asistió como adorador al Congreso Eucarístico Internacional (1911), amén de pagar el viaje a otros. Limosnero con los pobres y colaborador con los conventos sanluqueños (josefinas, capuchinos, hermanas de la Cruz…). Costeó la instalación de agua potable en el Hospital y de una fuente en el Barrio Alto. Incluso proyectó crear en su cortijo una colonia-misión de trabajadores. En la Guerra de África, convirtió su bodega de la Aduana de Bonanza en hospital. En 1914 fue nombrado socio protector del Patronato de Buenas Lecturas de Madrid.

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De su mujer Dolores Pruaño Velarde (1871-1948), de Trebujena, tuvo cinco hijos. La casa de los Aldamas fue rociada sorprendentemente de vocaciones religiosas.
La generosidad y la mala administración de los negocios llevó a los Aldamas a la ruina, patente y alarmante en 1921; suavizada ya en el 29, al alcanzar una renta segura como el ocho por ciento de beneficios de medio millón, invertidos en una fábrica de Bilbao, que estuvo a punto de quebrar. Sus deudores no le pagaban y el Conde rechazaba meterse en pleitos. Se agravó tanto su situación que pidió préstamos e incluso pretendió buscar trabajo, como administrador o de dirección. Sin embargo sobrellevaba sus angustias mediante la fe y la esperanza. Y todavía le quedaban fuerzas para comprometerse con el recién fundado “Apostolado de la Oración.

La familia Aldama al completo se enclaustró, primero los hijos -educados en un ambiente sumamente religioso, entre internados y hogar-y después el matrimonio. El Conde desde hacía tiempo “orando delante de N. Señor por vosotros, mis hijos me vino al pensamiento la idea y el deseo de pedir algo especial para vosotros…”. En coincidencia con el arruinamiento económico, traza el plan del enclaustramiento y la defensión de sus intereses como sí fueran de Jesucristo; todo ello asesorado por su Director espiritual y una religiosa carmelita de Murcia. Las posibles dificultades, como la entrada en religión de su mujer y su hijo pequeño, fueron vencidas.

Cuenta la Condesa a su hijo Pepe: “…desde el año 99 por Marzo que heredó, ha sido su vida un puro sufrimiento, y cuidado que el se resistía a heredar, pero se lo aconsejaron personas competentes… cuando tuvimos que romper tanto papel al venirnos, cuando cogía una cuenta o pagarés que no le habían pagado, me miraba, me sonreía y lo hacía pedazos que en esto vosotros también tenéis que perdonar porque al fin para vosotros hubiera sido, yo también le perdono, y cuidado que ha tenido pérdidas de 100.000; 150.000, 35.000 por varias veces, y muchas más, algo más pequeñas; esto sin lo de Madrid que fue el acabóse; y todo como Dios permitió”.

El Conde a su hijo: “…y a propósito. Nunca desde hace 29 años hemos estado, humanamente mirado, mejor ni también como ahora en lo económico, pues sin deudas, negocios ni preocupaciones tenemos una renta segura y más que suficiente para nuestra manera modesta de vivir.

Y precisamente cuando nos encontramos tan bien es cuando lo dejamos todo y nos vamos -Si el mundo supiera esto ( y el mundo es muy extenso) verdaderamente nos llamarían locos a boca llena-.
Pero ahora, aquí, como no caen en nuestra buena situación económica, y tienen metido en la mollera como lo han dicho muchas veces que estamos arruinados, van a decir, que nos metemos areligioso porque no tenemos con que vivir; que esa es nuestra vocación. Allá ellos, a nosotros sin cuidado-” (1929.04.22. Carta ).

En otra carta de pocos días después, cuenta con detalles la ida desde Sanlúcar. “…Pues bien; el jueves pasado, después de tantos días de intensas emociones y de no menos trabajo de arreglo de la casa y detalles del asunto, nos despedimos por carta de las Comunidades de Sanlúcar y de algún que otro amigo, de la servidumbre de palabra; la cual servidumbre nos dio un día de llanto…que bueno¡ como para animarnos… A las siete de la mañana, secretamente tomamos el auto, oímos misa y comulgamos en Jerez, desayunamos en un café, y como en un viaje de boda, los dos solitos seguimos para Sevilla a 80 por horas.

Llegamos a eso de las 10, visitamos al Cardenal, que conmovido nos bendijo acompañándonos hasta la puerta (cosa que a todos dejó admirados por lo inusitado en él), visitamos a los P.P. y a las Trinitarias, yo al Sr. Conde de Bustillos, que queda de Apoderado, y a comer al Hotel. Por la tarde, a eso de las cuatro al Monasterio. Después de un rato de visita, abrieron la clausura, nos dimos un fuerte abrazo, y corrió mamá para dentro…

Ahora mi única preocupación es, si podré prepararme siquiera medio decentemente para la ordenación…”

José Antonio (1903-1980), el mayor de los varones, con quince años había iniciado el noviciado jesuítico en Granada, y en 1929 se ordenaba sacerdote. En el mismo año, día de nochebuena, también se ordena su padre en la Capilla de Palacio Arzobispal de Granada. El día de Navidad, el padre celebra la primera misa y el hijo hace de predicador en el Convento de la Visitación -de las Salesas- en Sevilla. Detrás de la reja monacal presencia la misa como novicia su mujer, Dolores ; y dos hijos -Antonio María y Francisco de Borja (1915-), que pasado el tiempo tomarán el hábito de la Compañía- hacen de acólitos. Otras dos hijas: Natividad y Concepción se ausentaron por no poder salir del convento de las Esclavas de la Madre Rafaela. En la tarde del mismo día, el marido impone a la esposa el hábito.

En 1930 falleció el Conde de Aldama en el colegio de Loyola, término de Azpeitia, al mes de empezar el noviciado como jesuita. Pasado un año, los Aldamas vendieron la casa sanluqueña a Jose Antonio Florido.

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El P. José Antonio Aldama Pruaño hace profesión solemne en Roma (1936). Enseña Teología en la Universidad Gregoriana como maestro agregado, y antes de morir en Granada (1980) había fundado la congregación contemplativa de las Esclavas del Santísimo y de la Inmaculada Concepción (1948). Una lápida en la casa de la Plata le recuerda. Vivía el P. Antonio María en Roma, la M. Concepción, y la M. Natividad en el Puerto de Santa María.

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Via: Sanlúcar de Barrameda: Recóndita Ciudad: LA CASA DE LOS CONDES DE ALDAMA
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